Basado en la conversación con Juan Pablo Ventosa en el podcast Como va

Hablar de liderazgo es hablar de una palabra que se repite mucho… pero que entendemos poco. Todos hemos escuchado definiciones elegantes, fórmulas para “el líder ideal” o cursos que prometen cambiarlo todo. Pero cuando abrimos la puerta de una empresa —sobre todo de una pequeña o mediana, donde los días pesan distinto— nos damos cuenta de que el liderazgo no es un título, ni un organigrama, ni un conjunto de frases motivacionales. Como dice Juan Pablo Ventosa, “los liderazgos son resultados… o no son liderazgo”. Y cuando uno mira a profundidad, termina entendiendo que liderazgo: lo que realmente sostiene a una organización no está en lo que se dice, sino en lo que se logra y en cómo se logra.

En esta conversación, Juan Pablo parte de una idea poderosa: un buen líder no se mide por percepciones, sino por su impacto real en las personas y en los resultados. No se trata solo de que la empresa gane más o crezca más; se trata de cómo se sienten, evolucionan y permanecen las personas que la sostienen. ¿Están más capacitadas? ¿Más comprometidas? ¿Más fuertes? ¿O están cansadas, rotando o apagándose? Esa respuesta —la honesta, la que se ve en el clima, en la energía, en la rotación, en el compromiso— es uno de los termómetros más claros de la calidad del liderazgo.

El liderazgo empieza en uno mismo

Algo que Ventosa repite con mucha claridad: nadie puede liderar afuera si no puede liderarse adentro. El liderazgo no es mandar, ni estar arriba, ni hablar fuerte. Es un tipo de servicio, uno que exige humildad, empatía y la capacidad de escuchar incluso cuando uno cree que ya tiene todas las respuestas.

Hay una frase que atravesó toda la entrevista:
“No se puede ser un buen líder si no se es una buena persona.”
Y aunque suene simple, lo cambia todo. Porque buenas personas no son las que complacen, sino las que tienen la valentía de actuar con coherencia, de predicar con el ejemplo y de sostener un propósito aunque cueste.

¿Liderazgo concentrado? Riesgo asegurado

Uno de los puntos más valiosos de la charla es la advertencia sobre concentrar el liderazgo en una sola persona. Puede funcionar un tiempo, pero es una bomba de tiempo. Si todo depende de un solo líder —su visión, su salud, su tiempo, su energía— entonces la organización vive al borde del riesgo.

Por eso Ventosa habla de ecosistemas de liderazgo: entornos donde no hay un único líder, sino muchos. Donde cada persona, desde el dueño hasta el operario más nuevo, puede ejercer su capacidad de influir positivamente y tomar decisiones que contribuyan al propósito común.
No se trata de “hacer cursos para todos”, sino de algo más profundo: crear condiciones para que el liderazgo florezca, se distribuya y se vuelva parte natural de la cultura. Porque si algo quedó claro es que, en última instancia, liderazgo: lo que realmente sostiene a una organización no está en una persona, sino en la suma de todas.

Desaprender para poder avanzar

Hoy el mundo cambia más rápido que nunca. Y si seguimos intentando resolver desafíos del presente con fórmulas del pasado, nos quedamos cortos. Por eso él habla del arte de desaprender: cuestionar lo que siempre hicimos, dejar ir lo que ya no funciona, abrir espacio para nuevas formas de colaborar y pensar.
A veces, el verdadero avance no está en lo nuevo que aprendemos, sino en lo viejo que decidimos soltar.

Un consejo para emprendedores

Al final, cuando le pregunté qué le diría a alguien que está empezando a emprender, Ventosa fue contundente:
Ten una mentalidad de mejora continua. Sé consistente. Sé coherente. No te desanimes.
El liderazgo —especialmente cuando se emprende— puede ser solitario. Pero también puede ser profundamente transformador, para uno mismo y para quienes están alrededor.

Reflexión personal

Escuchar a Juan Pablo me reafirmó algo que veo una y otra vez en empresarios, líderes y emprendedores: muchos buscan técnicas, herramientas y modelos… pero descuidan la base.
Y la base es simple: liderar es un acto humano antes que un acto técnico.
Un acto que empieza por mirarte, cuestionarte, conocerte, sostenerte y ser congruente con lo que dices querer construir.
El liderazgo no se decreta. Se encarna.

Para ti que estás leyendo esto…

¿Cuál es ese aspecto de tu propio liderazgo que hoy necesita más valentía: aprender algo nuevo… o desaprender algo viejo?